Córdoba se va a mostrar en Milán a través de la música y de la cultura

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Vive en Milán desde hace 10 años, ciudad a la que llegó para hacer su doctorado de Piano y donde se quedó atraída por su «fascinante» ambiente musical, algo que desde hace ocho años traslada a Villa del Río, su localidad natal, y a Córdoba a través del Festival Internacional de Piano Guadalquivir, una cita que ha ido creciendo año tras año y gracias a la cual, en la próxima edición, que se celebrará entre el 22 de septiembre y el 7 de octubre, distintos sectores empresariales y culturales cordobeses se promocionarán en Milán -ciudad que se convierte por primera vez en sede de este evento–, gracias a un convenio de colaboración con el Instituto Municipal de Desarrollo Económico y Empleo de Córdoba (Imdeec). María Dolores Gaitán desprende energía y amor a la música desde el minuto uno, lo que explica que esta prestigiosa pianista cordobesa que ha actuado en emblemáticas salas europeas y con músicos de talla internacional haya conseguido consolidar una cita cultural en la que cada año se impone un nuevo reto y cuya gestión alterna a la perfección con su carrera artística.

-Con su currículum, y desde Milán, ¿cómo se le ocurre organizar un festival de estas características en Villa del Río?

–Todo surgió después de un concierto que me invitaron a dar en Villa del Río cuando ya vivía en Milán. El auditorio se llenó de gente y eso me indujo a pensar que se tenía sed de música, de algo nuevo. Me animaron a hacer algún tipo de actividad, y finalmente se creó este festival, que nació también para sentirme cerca de mis raíces y traerme para acá todo lo que yo estaba haciendo en Milán. El primer año fue algo muy pequeño, con dos conciertos en Villa del Río y Montoro, y después dimos el salto a Córdoba.

-Y a partir de ahí empezó a crecer el encuentro musical.

–Sí, estoy muy satisfecha, cada año ha sido un reto diferente. El primero, llegar a Córdoba, y una vez aquí, intentar escalar en escenarios. El año pasado ya actuamos en el Arco del Triunfo, la Mezquita Catedral y la plaza del Potro. Y este año, bajo la temática de Las mil y una Córdobas, el reto es hacerlo internacional y llevar Villa del Río y Córdoba al extranjero, concretamente a Milán. Eso ha sido un paso muy importante porque he tenido que trabajar a dos bandas, y tramitar entre ambas ciudades no ha sido fácil.

-Organizar un festival como este necesita recursos. ¿Le fue fácil encontrar compañeros de viaje?

–No, eso sigue siendo muy complicado. La idea del festival es que se mantenga a través de un patrocinio público-privado. En Córdoba, y en España en general, no se está acostumbrado a apoyar la cultura, no ven el retorno que puede tener. Y la idea de este año es cambiar esta concepción, porque para que el festival siga creciendo necesita de un apoyo económico. Hasta ahora, lo hemos hecho con lo mínimo, aprovechando, sobre todo, mi carrera profesional. A lo largo de estos años he conseguido tener contactos con muy buenos músicos y, aunque no cobran lo que deben, a ellos les encanta Córdoba, aquí los recibimos con los brazos abiertos, y siempre quieren volver. Eso ha permitido presentar ahora el festival a las instituciones y demostrar que funciona, que tiene un nivel.

-Y este año ha conseguido que llegue a Milán.

-Este año intentamos internacionalizar Córdoba a través de la visibilización de algunas empresas cordobesas, villarenses e italianas con sectores comunes. El festival, la cultura, se convierte así en un vehículo a través del cual las empresas pueden exponer sus productos en Milán en espacios como el Instituto Cervantes o el Auditorio LaVerdi.

-¿Cómo surgió el paso a Milán? ¿En qué consistirá la actividad allí?

-Presenté el Festival Internacional de Piano Guadalquivir en el Instituto Cervantes de Milán, empezamos a trabajar hace dos años y se abrieron muchas posibilidades a través de instituciones italianas y españolas para llevar el festival allí, que, en definitiva es llevar Córdoba a Milán a través de esta cita musical, así que empecé a pensar en los puntos comunes de ambas ciudades. Milán tiene una gran cultura de patios, de hecho, la temática del festival en Milán será Córdoba y sus patios, que, en realidad, es una de Las mil y una Córdobas. Se ha hecho un programa en torno a la música que se escuchaba en estos recintos, con elementos populares y de flamenco, para el concierto de clausura en el Auditorio La Verdi. Pero también acercará la moda, la joyería y la enogastronomía cordobesa, que también tienen conexiones con Milán, igual que la cultura de la tapa. Y ahí es donde entra el acuerdo con el Imdeec. En el terreno de la moda, contaremos con Elio Berhanyer, Ana Torres, Ana Jiménez, Sara de Benítez y María José Pedrosa. En el sector de la joyería, se mostrarán los trabajos de FMF Joyeros 1950 con la colección de Mardú, de Alex Concept y de la artista artesana Clara Martina. Todo esto se expondrá en el centro neurálgico de Milán durante su Semana de la Moda, lo que dará una visibilidad muy grande a Córdoba. Tras la inauguración de esta exposición, volveremos a Córdoba para celebrar el festival del 22 de septiembre al 7 de octubre, y después regresamos a Milán para el concierto de clausura.

-Y parece que será un final por todo lo alto.

-Sí, porque además se convertirá en el evento oficial de la fiesta nacional de España, lo que supone que contaremos con representantes de importantes instituciones. Antes de la actuación se llevará a cabo un aperitivo concierto, una actividad muy importante en Milán, y ahí también daremos a conocer nuestros productos. En cuanto al concierto, participarán artistas cordobeses, los profesores invitados al festival y también habrá cante y baile, contando con una escenografía impactante. Después de traer una parte de Italia a Córdoba, ahora quiero mostrar una parte de Córdoba en Milán.

-¿Cree que esta cita musical se acerca cada vez más al público?

–Mucho. A partir de la quinta edición ya se notó el aumento de público, pero el año pasado fue una explosión. Solo en el evento Piano Córdoba se reunió a 4.000 personas y en la Mezquita Catedral casi a 1.500. Pero no fue un éxito de público masificado, turístico, sino de muchos sectores de la sociedad, porque nosotros hemos hecho actividades para involucrar a la gente. Por otro lado, este año se reforzarán las masterclass que se iniciaron el pasado, y hemos tenido un hermanamiento con la academia Orfeus de Viena a través del cual se ofrecen dos becas al mejor pianista y violinista seleccionados para estudiar el año próximo en Viena. Son actividades complementarias enfocadas a captar ese público, pero sobre todo a incentivar la curiosidad hacia el piano en todas sus vertientes con una buena programación. Hay mucha gente que se sorprende. Diversificar ha sido un éxito, y por eso sigo, porque a veces es un esfuerzo titánico y no encuentras el apoyo suficiente, aunque creo que estamos transformando con un pequeño grano de arena muchos aspectos de la sociedad a través de la cultura.

-¿Qué nos ofrecerá este año? ¿Con qué escenarios cuenta?

–Como es habitual, tendrá dos partes: los conciertos y los eventos especiales. El título elegido, Las mil y una Córdobas, se debe a la propia internacionalización del festival, y vamos a dar una visión de la ciudad y todas sus culturas a través de la música en espacios históricos como el Palacio de Viana, la Mezquita Catedral, el atrio de la iglesia de la Inmaculada Concepción de Villa del Río, la Sinagoga, el auditorio del Conservatorio Musico Ziryab, además de distintos enclaves para Piano Córdoba.

-El programa Piano Córdoba está teniendo bastante aceptación. ¿Qué lugares han escogido esta vez?

–Esto es una especie de concurso en el que participan la ciudad y los pianistas. La idea tiene que ver con la inserción laboral de estos jóvenes músicos, a los que cuesta mucho trabajo abrirse al mundo, pero también queremos que la propia ciudad sea protagonista, acudiendo a personas o establecimientos que tienen un piano y quieran participar. Este año se amplía este programa para dar más protagonismo al pianista ganador, y la idea es celebrar, el 28 de septiembre, el primer concierto en el Salón del Liceo del Círculo de la Amistad, y al día siguiente se llevarán a cabo el resto por toda la ciudad, pero aún no se ha hecho la selección de los pianistas y de los espacios porque el plazo para presentarse acaba el 4 de septiembre.

-Usted conoce a muchos públicos. ¿Cree que los cordobeses saben cada vez más de música clásica?

-Por mi experiencia, absolutamente. Creo que ha habido un cambio radical y, además, una cosa muy interesante es que las personas son críticas con lo que escuchan y te hacen comentarios. Veo que cada año el público empieza a tener su propio pensamiento, a saber lo que les gusta más o menos, y eso es lo bueno y la misión de este festival, que está ayudando a crear una sociedad más constructiva y con mayor poder de decisión.

-El aspecto formativo también es muy importante. ¿Qué nos ofrece la octava edición?

–Además de las becas, este año realizará una de las masterclass un gran violinista, Mario Hossen, que ya estuvo el año pasado y se quedó sorprendido por el nivel de los jóvenes violinistas, pero del 24 al 27 de septiembre también se podrán recibir lecciones de violonchelo, piano y flauta travesera a cargo de artistas del más alto nivel en el panorama musical.

-¿Cuántos conciertos ofrece este año el festival?

–El año pasado fueron tres, dos en Córdoba y uno en Villa del Río, pero en esta edición serán seis porque tenemos una tercera sede, Milán, donde se llevará a cabo el gran evento de esta edición. Siempre inauguramos en Villa del Río y la clausura se celebra en la Catedral, pero este año incluimos el Patio de Columnas del Palacio de Viana, donde tocará Mario Hossen junto al pianista Adrian Oetiker, y será un concierto espectacular.

-Supongo que organizar un festival de este tipo dista mucho de su trabajo como pianista. ¿Cómo se desenvuelve en la organización? ¿Le gusta la gestión cultural?

–Me desenvuelvo bien, pero no es fácil. Requiere mucho tiempo y hay que sacrificar muchas cosas. Hay que concentrar energías. El festival es como una rueda que necesita ser empujada al principio hasta que el engranaje la haga funcionar sola. Ahora estoy en el punto en el que requiere todo mi esfuerzo, porque todas estas innovaciones necesitan de mucho tiempo y energía para llevarlas a cabo. De todas formas, mi carrera de pianista ha ido muy paralela a la de gestora cultural del festival.